Lo más sangrante a corto plazo es la manera que desde hace mucho tiempo tiene de tomarnos por tontos. Parece como si los muros de la Moncloa engordaran con el paso de los años y el aislamiento del presidente del mundo real ya fuera irreversible.
El nuevo material está basado en un compuesto de oro, hidruro de litio y nanotubos de carbono y aumentarÃa hasta 20 veces el rendimiento del tratamiento actual.
Aunque en los medios oigáis hablar más del tocado estilo Jacqueline de Carla Bruni que de otra cosa, lo cierto es que lo más importante que se discutió en Londres fue la necesidad de impulsar la energÃa nuclear, en lo que las llamadas fuentes de energÃa renovables -como si los átomos se fueran a acabar mañana- acaban de demostrar su viabilidad y se abaratan, si es que alguna vez lo hacen.
Es el tamaño que alcanzó el total de información digital generada en el universo conocido el año pasado. Más de lo que fÃsicamente se puede almacenar.
Aunque sea con la excusa del cambio climático, es una buena noticia que por fin alguien se decante por la única forma sostenible conocida de generar energÃa. La más limpia, segura y económica. Hablo de la energÃa nuclear, por supuesto.
La historia del atletismo mundial ha estado, desde los primeros Juegos OlÃmpicos modernos, allá por 1896, repleta de hazañas. Muchas han sido dignas de recuerdo: los 19.32 de Michael Johnson en los 200 metros lisos y los 43.18 del mismo hombre en los 400, los 8.90 metros de Bob Beamon en longitud o los 8.95 de Mike Powell en la misma disciplina o por ejemplo los 18.29 metros del genial Jonathan Edwards en el triple salto.
Leo en El Mundo que un reciente estudio concluye que los records mundiales de atletismo se acabarán en 2060, una vez que el ser humano alcance el máximo aprovechamiento de su potencial fÃsico. Sea esto verdad o no, lo cierto es que en el hectómetro femenino, ese tope pareció alcanzarse una calurosa tarde de Julio, con 72 años de adelanto.