Éste es un libro que tenía ganas de leer desde que se publicó y del cual se pueden decir varias cosas interesantes. El camino hacia la cultura resulta ya de por sí, antes de leerlo, interesante por dos razones. La primera porque supone, no sin pretenderlo, la elaboración de un canon de la cultura muy concreto, esto es, una guía detallada que toda persona que pretenda ser culta debe de seguir, a juicio del autor, para lograr su objetivo, y esto ya de por sí supone un esfuerzo notable, después de miles de años de manifestaciones culturales. La segunda es porque está escrito por César Vidal, y esto garantiza una cosa importante, más allá de compartir o no sus opiniones, y es que el texto no se va a dejar vencer por el pensamiento políticamente correcto establecido, lo cual dejaría el libro en papel mojado. Hablando de papel mojado, éste fue precisamente el libro que fue ahogado literalmente en un cubo de agua por los presentadores de un programa de supuesta divulgación cultural en Barcelona TV. Otro motivo más para tratar de descubrir qué esconde el libro.
La forma de llevar a cabo sus objetivos es sencilla pero eficaz. César Vidal realiza un recorrido a través de la historia de la literatura -la parte principal y mejor detallada-, la arquitectura, la pintura, la escultura, la música, el cine y el teatro -ópera, ballet y géneros menores incluidos-, recomendando a cada paso las obras más influyentes y necesarias. El texto está enriquecido -y éste es el punto diferencial con otros intentos similares- con apéndices que reúnen lo mejor y más selecto de cada disciplina, lo que es imprescindible conocer para ser culto, digamos. Dichos apéndices consisten en:
50 textos clásicos (ejemplo: La Odisea, de Homero)
50 obras del pensamiento (El Príncipe, de Maquiavelo)
100 novelas clásicas (Don Quijote, de Cervantes)
50 poetas (Lord Byron)
10 museos (El Prado, de Madrid)
65 obras arquitectónicas (La Gran Muralla China)
100 pinturas (Las Meninas, de Velázquez)
50 esculturas (David, de Miguel Ángel)
150 obras de música clásica (Las cuatro estaciones, de Vivaldi)
90 discos de música popular (From Elvis in Memphis, de Elvis Presley)
100 obras de teatro (Edipo Rey, de Sófocles)
250 películas (Matrix, de los hermanos Wachowski)
65 óperas (La traviata, de Verdi)
40 zarzuelas (La revoltosa, de Chapí)
20 ballets (El cascanueces, de Chaikovsky)
Ni qué decir tiene que la lista es larga y exhaustiva, pero se trata de un camino a recorrer a largo plazo, quizás a lo largo de toda una vida.
Algunos lectores pueden ver la obra demasiado influida por el pensamiento del autor, más que por el político, por el religioso. Se nota que César Vidal es un escritor muy marcado por su fe (es evangelista), y eso le lleva a resaltar quizás sobremanera las manifestaciones culturales protestantes sobre otras. Sin embargo en ningún momento resulta sectario o excluyente, no hay más que leer la pormenorizada descripción que realiza del Corán y de la literatura judía, por ejemplo. En definitiva, un libro recomendable, que debe ser tomado más como guía cultural que como obra literaria, pero que proporciona también interesantes ratos de lectura.