Hay que liberar a los palestinos de Hamas
Enero 9th, 2009 por
eduriol

Antes de nada, tengo que decir que la muerte de las vÃctimas civiles palestinas es profundamente injusta. Es estremecedor ver familias enteras enterradas entre cascotes tras un bombardeo, y que el resto de la población viva atemorizada ante la idea de ser alcanzados por el próximo misil israelÃ. Es un tragedia vivir asÃ.
Es la misma tragedia que los israelÃes llevan viviendo muchas décadas. ¿Quién es el culpable? Transcribo un artÃculo del filósofo francés Bernard Henri-Lèvy aparecido en la edición de papel de El Mundo el pasado miércoles que responde a esta pregunta:
 Hay que liberar a los palestinos de Hamas
Dado que no soy un experto militar, me abstendré de juzgar si los bombardeos israelÃes de Gaza habrÃan podido ser más precisos y menos mortÃferos.
Dado que, desde hace décadas, jamás pude distinguir entre buenos y malos muertos o, como decÃa Albert Camus, entre «vÃctimas sospechosas» y «verdugos privilegiados», también yo me siento horrorizado antes las imágenes de los niños palestinos asesinados.
Dicho esto y teniendo además en cuenta que un viento de locura parece haberse instalado en algunos medios de comunicación, una vez más y como siempre cuando se trata de Israel, me gustarÃa recordar algunos hechos:
1. Ningún gobierno del mundo, ningún otro paÃs más que este vilipendiado Israel, arrastrado por el fango y demonizado, habrÃa tolerado ver miles de obuses caer, durante años, sobre sus ciudades. Y por lo tanto, lo más importante del caso, el auténtico tema de sorpresa no es la «brutalidad» de Israel, sino su enorme moderación.
2. El hecho de que los cohetes Qasam de Hamas y, ahora sus misiles Grad, hayan ocasionado tan pocos muertos, no demuestra que sean artesanales o inofensivos, sino que los israelÃes se protegen, que viven enterrados en los sótanos de sus casas en una vida de pesadilla, siempre en vilo, siempre atentos al sonido de las sirenas y de las explosiones. Yo estuve en la ciudad israelà de Sderot y lo pude comprobar.
3. El hecho de que, en cambio, los obuses israelÃes provoquen tantas vÃctimas no significa, como bramaban los manifestantes de este fin de semana, que Israel se haya lanzado a una «matanza» deliberada e indiscriminada, sino que los dirigentes de Gaza optaron por la actitud inversa: exponer a su población. La vieja táctica del «escudo humano» que pone en práctica Hamas, tal y como hiciera Hizbulá hace dos años, instalando sus centros de mando, sus stocks de armas y sus búnkeres en los sótanos de edificios, hospitales, escuelas y mezquitas, es una táctica eficaz pero repugnante.
4. Entre la actitud de unos y de otros hay, dÃgase lo que se quiera, una diferencia esencial y que no pueden ignorar los que quieran tener una idea justa y cabal de la tragedia y de los medios para ponerle fin: los palestinos disparan contra las ciudades, es decir contra civiles (y eso, en el derecho internacional, se llama «crimen de guerra»), mientras los israelÃes apuntan a objetivos militares y ocasionan, sin quererlo, terribles daños civiles (es lo que, en lenguaje militar, se llama «daño colateral», una palabra que, a pesar de ser odiosa, remite a una auténtica disimetrÃa estratégica y moral).
5. Dado que hay que poner los puntos sobre las Ães, es necesario recordar un hecho del que la prensa francesa apenas se hizo eco y del que, sin embargo, no conozco precedente alguno, en guerra alguna ni por parte de ningún ejército del mundo. Y es que, durante la ofensiva aérea, las unidades del Tsahal llamaban por teléfono sistemáticamente (la prensa anglosajona habla de 100.000 llamadas) a los habitantes de Gaza que vivÃan en los alrededores de los blancos militares, para invitarlos a evacuar el lugar. Es evidente que eso no evita la desesperación de las familias sin hogares, ni a las vidas truncadas, ni las matanzas. Pero que el hecho sea asà no deja de ser un detalle significativo.
6. Tampoco es totalmente real ni exacto el famoso bloqueo integral, impuesto a un pueblo hambriento, al que le falta de todo y que lo hunde en una crisis humanitaria sin precedentes (sic). Los convoyes humanitarios nunca dejaron de pasar hasta el comienzo de la ofensiva terrestre. Por el control de Kerem Shalom, sólo el dÃa 2 de enero, fueron 90 los camiones de vÃveres y de medicinas que, según The New York Times, pudieron entrar en Gaza. Y sólo evoco, para recordárselo a algunos (porque es algo habitual, aunque, escuchando a esos tales, no lo parezca), que los hospitales israelÃes siguen recibiendo y curando, todos los dÃas y al menos hasta el momento en que yo escribo, a los heridos palestinos.
Esperemos que los combates cesen cuando antes. Y esperemos que, cuanto antes también, los comentaristas vuelvan en sÃ. Ese dÃa descubrirán que Israel cometió muchos errores durante estos últimos años (ocasiones fallidas, largo rechazo a la reivindicación nacional palestina, unilateralismo), pero que los peores enemigos de los palestinos son esos dirigentes extremistas que nunca quisieron la paz, que jamás quisieron un Estado y que sólo pensaron para su pueblo en un Estado concebido como un instrumento de secuestro.
Lo demuestra la siniestra imagen de Jaled Meshaal del sábado dÃa 27 de diciembre, que, ante la inminencia de la respuesta israelà tan deseada, sólo sabÃa exhortar a su «nación» a «ofrecer la sangre de más mártires». Y lo decÃa desde su confortable exilio, desde su cueva de Damasco.
Hoy en dÃa, una de dos. O bien los Hermanos Musulmanes de Gaza restablecen la tregua que rompieron y, al mismo tiempo, declaran periclitada y sin efecto un acta fundacional basada en el rechazo de la «entidad sionista». En ese caso, se unirán al amplio frente del diálogo que, gracias a Dios, sigue creciendo en la zona, y vendrá la paz. O bien se obstinan en seguir viendo en el sufrimiento de los suyos únicamente un carburante para sus pasiones recocidas, su odio loco, nihilista y sin argumentos. Y en ese caso, habrá que liberar de las sombrÃas garras de Hamas no sólo a Israel, sino también a los palestinos.
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